Los niños saharauis vuelven a España gracias a ‘Vacaciones en Paz’

REPORTAJE 2 /ALBA ROCHER

La crisis económica provoca un descenso en el número de niños saharauis que este año pasarán el verano en España

Todos los veranos las comunidades españolas acogen a niños saharauis que vienen a pasar unos meses lejos de su país y en familias de acogida. Todo ello bajo el programa ‘Vacaciones en Paz’, que hace referencia a los conflictos del Sahara y al derecho de los niños de pasar unas vacaciones lejos de ello.  Este año, la crisis económica ha provocado que muchas asociaciones de ‘amigos del pueblo saharaui’ de la Comunidad Valenciana, hayan reducido el número de niños que vienen a pasar el verano o, incluso algunas, no hayan podido traer a ninguno por falta de financiación. Otro de los temas que tratan muchos expertos es si en realidad a estos niños les beneficia venir a pasar la temporada estival a un país con más recursos que el suyo, o es duro cuando llega el momento de volver a la realidad de su propio origen.

Concentración en Valencia

La asociación Amel en L’Alcúdia (Valencia) que es una de las afectadas por falta de recursos, no podrá recibir este verano a ningún niño saharaui. Amel significa esperanza en uno de los dialectos del Sahara. Manuel Morató, presidente de la asociación alcudiana, explica que este año ha sido imposible y que es el primer año desde que nació Amel que L’Alcúdia no recibirá a niños saharauis.

Desde que empezó la crisis, afirma el presidente de Amel, ha sido complicado encontrar familias de acogida. Todo ello conlleva unos gastos y las familias que normalmente suelen acoger a los niños son de clase media. La Asociación está más de veinte años en activo y al principio, recuerda el presidente, algunos años venían menos niños que familias que querían acoger y entonces se tenía que sortear. “Eran otros tiempos”, afirma Manuel Morató.

Aún así, Morató recalca que la asociación sigue en activo con las campañas que se organizan todos los años de recogida de paquetes de arroz en los colegios. Y sobre todo, la función que considera más importante es la de transmitir el mensaje de cómo es la realidad política actual en el Sahara. “Que la gente sepa lo que hay es necesario”, explica el presidente de Amel.

Al-Amal

Carmen Carvajal, presidenta de Al-Amal (ONG de solidaridad con el pueblo saharaui de Valencia) apunta que los niños que han llegado este año son muy pocos comparado con otros años. La crisis económica ha afectado y mucho, explica la presidenta. Tanto es así, que este año a las ciudades de Valencia y Castellón han llegado un total de 191 niños. El año pasado llegaron un total de 312, que según Carmen Carvajal ya fueron muy pocos. “Pues todos los años anteriores siempre han venido de 400 a 500 niños”, concluye la presidenta.

Los gastos de las asociaciones

Los niños que vienen del Sahara suponen un gasto económico grande a las asociaciones. Cada niño cuesta de traer entre los 700 y los 800 euros para pagar el billete de avión. Además, afirma Manuel Morató, este dinero lo paga directamente la asociación, ya que no se puede pedir más a las familias.

Las familias se encargan de cuidar a los niños todo el verano, les compran ropa, los alimentan y también pasan un reconocimiento médico. En la vuelta a casa, las familias también se encargan de comprar cosas para que se las lleven y algunas también mandan dinero para el Sahara, explica Manuel Morató.

Por un Sahara libre

Por ello las asociaciones de ‘amigos del pueblo saharaui’ como Amel intentan traer a los niños y financiarse a través de cenas benéficas y sorteos. Pero el mayor aporte económico lo reciben del ayuntamiento. También las campañas de recogida de arroz que se organizan todos los años suponen un gran gasto a la asociación.  “Nos tenemos que encargar de pagar los camiones y el transporte hasta allí para que lleguen los paquetes”, afirma Morató.

La realidad de volver a casa

¿Es realmente bueno para los niños venir a pasar el verano aquí? El problema está en la vuelta al país de origen, pues tienen que acostumbrarse de nuevo a las cosas que no tienen y sí han tenido en España. No hay que olvidar que se trata de niños que llegan muy marcados por la situación de su entorno social, a parte de los problemas médicos y sanitarios que en muchas ocasiones presentan.

Sara Garrido es psicóloga y ha colaborado en varias asociaciones de ‘amigos del pueblo saharaui’. Garrido afirma que desde el punto de vista psicológico, no se puede decir que sean niños desarraigados de sus familias, porque no lo son. Aunque sí padecen algunos trastornos causados por la situación extrema en la que viven sus familias. Los campos del Tinduf, explica, no son el mejor lugar para forjar una infancia equilibrada, que además está muy mediatizada por el sentimiento político de su pueblo.

La psicóloga explica que por una parte es indiscutible que es bueno para ellos el venir a nuestro país, pues muchos de los niños resuelven grandes problemas de salud y psicológicos en España. Además, recalca Garrido, se integran en los entornos familiares de acogida casi siempre perfectamente, proporcionándoles cosas que en el Sahara nunca iban a poder encontrar. Si hablamos de  educación queda claro que al venir a España se encuentran en un entorno mucho más avanzado que el suyo. “Las consecuencias psicológicas pueden ser múltiples”, cuenta la psicóloga, pues hay niños que se adaptan a la situación desde el principio y se integran a la primera de cambio. Sin embargo, hay otros, que pueden sentir un rechazo inicial ante una sociedad que es completamente desconocida para ellos. Aún así, cuenta Sara Garrido, las ventajas para los niños son evidentes. “Si ponemos en la balanza pros y contras ganan las primeras”, afirma la psicóloga.

No obstante, hay que tener en cuenta, que en sus últimas semanas de estancia se pueden generar situaciones de desequilibrio psicológico y psíquico, advierte Sara Garrido. Sobre todo ante el dolor de abandonar la familia de acogida y el temor de volver a un entorno que dista mucho del confort que ofrece la sociedad europea, concluye la psicóloga.

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Salek Hatri: “Creo que los niños de mi país son más felices que los españoles. Allí todos se ríen y aquí se quejan por cualquier cosa”

ALBA ROCHER/DESPIECE 2.1

Salek Hatri tiene 20 años. Es saharaui y llegó a España con cuatro años gracias al programa Vacaciones en Paz. Lo acogió una familia de L’Alcúdia (Valencia). Venía para un verano pero por un problema en la garganta tuvo que quedarse y fue una suerte. Ahora vive en Vitoria con sus padres biológicos y sus hermanos.

 

Salek Hatri

¿Cómo se lo tomó cuando le dijeron que tenía que venirse a España?

No me acuerdo muy bien porque era muy pequeño. Pero según lo que me han contado, en un principio no quería venir porque no lo entendía. Quería quedarme en el sitio donde había nacido. De repente te dicen que tienes que irte con personas que no conoces de nada y no es fácil.

¿Qué es lo que más le costó?

Yo tengo un hermano gemelo y no quería separarme de él ni de mi madre. Creo que el dejar a mi familia fue lo más duro. Pero según iba pasando el tiempo me acostumbré y mis padres de acogida pasaron a ser una nueva familia para mí.

¿Cuál fue la primera impresión o experiencia que tuvo al llegar a España?

Empiezo a ver cosas que nunca había visto en mi país y que me sorprendían mucho. Por ejemplo la televisión. También me asustaba con el grifo del agua porque jamás lo había visto y cuando llegué a mi nueva casa me tumbaba en el suelo para dormir. Tenía que venir mi ‘madre’ para llevarme a la cama las primeras noches.

Al principio venía para un verano, ¿Qué pasó?

Sí. Vine para un verano con los demás niños pero tuve problemas en la garganta y me tuvieron que operar. Así que ya me quedé aquí y empecé a ir al colegio.

¿Cómo se lo toma cuando se entera que tiene que quedarse en España?

Yo me enteré cuando ya había pasado el verano. Ya había hecho amigos, había conocido gente y así no se me hizo tan duro. Aunque la verdad era que echaba de menos a mi familia y a mis hermanos porque era muy pequeño.

Después empezó a sentir que tenía dos familias…

Claro. Yo siempre he dicho que tengo tres madres. Porque en el Sahara nunca me ha criado mi madre, no podía. Me ha criado otra mujer y después Tere, mi madre de España. Por eso siempre digo que yo tengo tres madres.

¿Cómo es su vida en España ahora?

Es como si hubiese nacido aquí. Llevo casi 17 años en España.

De L’Alcúdia me fui a Barcelona, estuve viviendo allí un par de años y luego me fui a Vitoria que es donde vivo ahora. Me reencontré con mi hermano porque cuando los dos llegamos a España a él lo mandaron a Bilbao y nos veíamos todos los veranos. Ahora vivimos juntos en Vitoria y con mis padres biológicos.

¿Cómo pudieron venirse sus padres a España?

Mi padre llegó aquí poco antes que yo porque nació en la colonia española del Sahara, cuando todavía pertenecía a España. Mis padres venían mucho a España aunque no querían quedarse pero al final se decidieron a trasladarse.

¿Qué pasa cuando le dicen que tiene que separarse de su familia de acogida?

Eso también fue un golpe bastante duro porque tú te acostumbras a hacer una vida aquí, vas al colegio, haces amigos y lo tienes todo y entonces vuelta a empezar. Otra vez a buscar nuevos amigos, nuevos colegios, otra gente. Fue complicado porque estuve en L’Alcúdia hasta 4º de Primaria, ya habían pasado 4-5 años y tenía que irme de nuevo.

Cuando llegó aquí no le gustaba estudiar…

No me gustaba nada pero ahora estoy estudiando la carrera de Psicología en Vitoria. Cuando llegué, el tener que ir al colegio era lo que menos me gustaba. Era un niño muy travieso y me portaba muy mal, me consideraba el peor de la clase. No estudiaba nada y ahora he terminado en la Universidad. Al final con el paso de los años maduré, me di cuenta de que debía aprovechar la oportunidad que me habían brindado de poder acceder a unos estudios.

¿Qué sintió cuando volvió a su país de origen?

No me acordaba mucho de él porque me fui muy pequeño. Me lo imaginaba un país pobre pero no con esa realidad y esas condiciones que me encontré al volver. Veía a los niños jugando en la basura, pero también me di cuenta que al fin y al cabo son más felices que los niños de aquí. Siempre que voy allí todo el mundo se ríe, los niños están contentos y lo comparo con los niños de España, que están todo el día quejándose porque lo tienen todo y no le dan importancia a nada.

¿Qué es lo que más valora de la oportunidad que tuvo de venir a España?

Sobre todo la familia que me acogió. Los padres, hermanos y abuelos. Luego la suerte que tuve de venirme aquí porque he vuelto algunos veranos al Sahara y he visto la situación de allí. Es entonces cuando valoras todo lo que tienes y lo que no tienen ellos. Ves a la gente en la miseria y la pobreza y te das cuenta de que tú también podrías estar en esa situación.